Cuando comencé a escribir estas líneas, me surgieron dos títulos posibles relacionados con dos obras de dos autores de diferentes disciplinas y encuadre ideológico.

El que escogí y que pertenece a la obra póstuma de Pablo Neruda es “Confieso que he vivido”. Por eso elegí la foto que presenta este comentario. Fue tomada en una visita que hice a una de las tres mágicas casas que Neruda construyó en Chile, en este caso Isla Negra, donde murió el 23 de septiembre de 1973.

El otro título posible era «La Edad de la Incertidumbre«, de John Kenneth Galbraith, que corresponde a una serie de programas que la BBC Inglesa pidió a Galbraith hiciera en el mismo año 1973 (fueron en total 13 capítulos) y al libro que luego editó, para reflejar el contraste entre la gran certeza en el siglo XIX y el pensamiento económico mucho menos seguro en sus puntos de vista, de los tiempos modernos.

Incertidumbre, certeza y vivencias personales. Éstas son las líneas generales con las que me muevo en el presente, tanto yo cuanto todos quienes quieren analizar la realidad económica y política del mundo, en abril de 2025.

Creía personalmente que había visto y vivido mucho a lo largo de 65 años de vida. Algunas de mis conclusiones y convicciones personales en temas de economía y política global, me parecían ya decantadas, con hechos consolidados. Pero como han dicho algunos comentaristas, en estas últimas semanas he debido hacer un “reseteo” de mis criterios lógicos de análisis. Los cambios son vertiginosos y radicales.

En razón del buen orden de las ideas, haré un breve repaso de los hechos disruptivos que he vivido y de los que tengo recuerdo. Muchos otros han pasado en estos años sin que tenga recuerdo presente o vivencias que merezcan puntualizarse.

Estas líneas no serán una biografía ni un suelto autorreferencial. Quieren ser tan solo una reseña ordenada, vista desde la óptica personal de un observador de la realidad, de hechos, acontecimientos y factores que generaron cambios de importancia en la ordenación del mundo, las relaciones económicas y los sistemas políticos y de organización de las sociedades en las últimas dos terceras partes de un siglo.

Los años 60’ y 70’

Tengo un vívido recuerdo de un viernes de 1963, más concretamente el 22 de noviembre. Ese día mi padre debió explicar, ante un grupo de alumnos suyos, la magnitud de lo que había sucedido a las 12:30, en los Estados Unidos de Norteamérica. Era lo impensado: habían asesinado al trigésimo quinto presidente, John Fitzgerald Kennedy.

No llegué a dimensionar la trascendencia del magnicidio ocurrido; pero me di cuenta que “algo importante” había sucedido. Escasamente trece meses antes, ese mismo presidente había sido uno de los dos actores principales de la disruptiva “Crisis de los Misiles de Cuba”, que marcó un punto sin retorno en la Guerra Fría. El mundo se tensó en esos días, más aún, durante ese período que se llamó la Guerra Fría (1955 – 1975).

En esos años se vivieron enfrentamientos políticos, ideológicos y económicos, entre dos de las cuatro potencias aliadas que acordaron la división del mundo en Yalta, con el nuevo orden que regiría tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Occidente libre y Oriente comunista. Esa era la realidad de un mundo cada vez más polarizado.

Como hito de ese período de enfrentamiento de potencias, destaco la construcción y mantenimiento del Muro de Berlín. Esta increíble división física de un país, producto del acuerdo postbélico entre los vencedores se mantuvo en pie durante 28 años, desde 1961 hasta 1989.

“El Muro” (The Wall) fue el símbolo máximo de división política e ideológica del mundo. Tuve la posibilidad de experimentar en una fría noche de invierno de 1975, luego de un vuelo de Copenhague a Berlín Oriental y de desembarcar en Schönefeld, lo que implicaba cruzar a la madrugada de Berlín Oriental a Berlín Occidental. Hice el cruce desde “el comunismo” al “capitalismo” por el mítico “Checkpoint Charlie”.

El mundo se dividía entre la libertad y el progreso y la falta de libertad y el retraso. La dicotomía era clara …, pero no fue eterna, aunque si duradera.

Los años 80’ y los cambios políticos

Tuve también la suerte y la oportunidad de cruzar, una vez más, desde Occidente (la República Federal Alemana) a Oriente (la República Democrática Alemana) en tren y cambiar de convoy en Berlín Oriental, para poder llegar desde Barcelona a Varsovia, capital de una Polonia en la que se comenzaba a hablar de “Solidaridad”, el movimiento gremial que terminó por coadyuvar la caída del régimen comunista. En 1989 existían aún los antagónicos “occidente” y “oriente”.

Crucé la Cortina de Hierro y además de visitar Polonia, conocí Hungría, y Checoslovaquia, en las que me encontré con tres realidades de sociedades comunistas / socialistas distintas. Y cuando estaba casualmente en la República Popular de Hungría, el 19 de agosto de 1989, comenzó tras un “picnic paneuropeo”, la primera lenta y luego incontrolable fuga de alemanes del este a Austria quienes, usando una posibilidad que se daba desde el mes de junio de ese año a los ciudadanos húngaros, cuando se eliminó el Telón de Acero con un simbólico corte del alambre por los Ministros de Relaciones Exteriores  de ambos países, el 27 de junio anterior, votaron con los pies y abandonaron la República Democrática Alemana, para trasladarse a la República Federal Alemana.

Finalmente, el 9 de noviembre de 1989, fui testigo absorto de lo que estaba viendo por televisión: los habitantes de Berlín Oriental comenzaron a treparse y cruzar el Muro en dirección a Berlín Occidental, sin ser detenidos por los “VoPos” (miembros de la Policía Popular Alemana), y luego acometieron la tarea de demolerlo, al menos parcialmente, para permitir el cruce peatonal de una zona a la otra. ¡¡¡¡Estaba cayendo el muro!!!!

Europa sin telón de hierro abría la perspectiva de una nueva realidad política y económica. No lo imaginábamos, pero podría haber sido una Europa Unida, con instituciones y moneda común, tras décadas de nacionalismos vernáculos; parcialmente se logró.

Los años 90’ y el comienzo de los 2000

Cuando el régimen comunista colapsaba, comenzamos a pensar que Occidente era el faro incuestionable de las civilizaciones del siglo XX. En nuestra “limitada” concepción liberal la democracia y el mercado había triunfado sobre los totalitarismos políticos, los dirigismos económicos y los nacionalismos aislacionistas. Creímos que Francis Fukuyama, con su teoría desarrollada en “El Fin de la Historia”, publicado en 1992, había encontrado la piedra filosofal de la sociedad y de la economía.

Pero, nos equivocamos.

Anteriormente, la Guerra de Yom Kipur, en 1973 y la Revolución Islámica en Irán en 1979, antecedentes remotos de una nueva ola de nacionalismo, en este caso islámico, había transformado la política de la región y tuvo impacto global, que llegaría a su nivel crítico lustros después.

Como colofón del enfrentamiento entre “islamismo” y “cristianismo”, los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York, Impactaron la política internacional y nos llevaron a la «Guerra mundial contra el terrorismo». Presencié por televisión en tiempo real, el impacto del segundo avión sobre la segunda torre, y su incendio y colapso. Fue increíble e inimaginable.

Se pensó inicialmente en un “error”. No era imaginable en ese momento que una persona dirigiese voluntariamente un avión contra un edificio, y provocara su muerte, la de los pasajes de ese avión y la de muchas otras personas que en ese momento ocupaban el edificio. Pero no fue así. Comenzaba con este ataque un nuevo sistema de confrontar del islam con el resto de las culturas, sin límites y sorpresivo.

Con este atentado y las consecuentes pautas de seguridad que fue necesario comenzar a aplicar de manera ordinaria en todo el mundo y especialmente en Occidente, el fanatismo islámico dio un golpe devastador a Occidente en sus valores esenciales: la libertad, entre otras cosas de movimientos y la protección de la intimidad.

Nuevamente “nuestro mundo” occidental no sería más como lo conocíamos. Todo comenzó a cambiar y descubrimos otro antagonista, que en ocasiones pasó a ser enemigo. Los conflictos dejaron de ser abiertos y armados, y pasaron a ser solapados y sorpresivos. Occidente no supo, hasta muchos años después y ciertamente tampoco hay en este momento un criterio único, cómo defenderse de estos ataques, cada vez más desconcertantes.

A estos enfrentamientos directos y ataques en los centros neurálgicos de Occidente, se sumó la silenciosa penetración cultural de Occidente y en especial de Europa por parte de la cultura y religión musulmana. En este período comienza a generarse un doble fenómeno de paulatino dominio cultural: por un lado, se incrementa la migración de población árabe que profesa el islam hacia Europa, radicándose allí. Y, por otro lado, por sus tradiciones, las nuevas familias asentadas tienen más hijos que los europeos tradicionales, lo que hace que, al corto plazo, la forma de vida, las costumbres y los hábitos sociales en estos países, muten del occidentalismo al islamismo.

Del 2010 al 2024

A partir del año 1987, cuando se funda el Instituto del Mundo Árabe con sede en París, comienza a tener una presencia mucho más activa la cultura islámica en Francia y por consiguiente en Europa.

En la actualidad, su edificio central, se encuentra en la ribera del Sena, frente a la Isla de San Louis y a escasos dos kilómetros del Museo del Louvre, ícono indiscutible de la cultura occidental. El islam está ya en el corazón del Viejo Continente.

No abundaré en detalles que fueron vividos por todos los lectores de estas líneas, en los aspectos tecnológicos que en este período de casi tres lustros se experimentaron en la sociedad de occidente. Solo puntualizaré algunos que entiendo, han generado revoluciones estructurarles en los hábitos y las relaciones sociales:

– Se universalizó la utilización de Internet y de la Word Wide Web creada en la década de los 90´ del siglo pasado en las universidades de los Estados Unidos, hecho que produjo una revolución en la comunicación y en el acceso a la información.

– Se produjeron avances en la informática y la microelectrónica inimaginables décadas atrás.

– Y terminó de consolidarse el desarrollo de la telefonía móvil comercializada a partir de la década de 1980, transformando las comunicaciones personales y la forma de relacionarse entre los seres humanos.

En este contexto, y dados los cambios estructurales, culturales y políticos de los años 90’ del siglo pasado, nadie dudó que la globalización había quedado consolidada, como forma de relacionamiento de los países y los habitantes del mundo todo. Un mundo único, en lo económico, cultural e incluso en las tendencias política se perfilaba como inexorable marco para el desarrollo en paz de la humanidad.

Pero …..

2025

El 20 de enero de 2025 asumió su segundo mandato, como 47° Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Donald Trump. Y todo lo que conocíamos, que poco a poco había comenzado a mutar, se precipitó en un acelerado cambio.

El presidente Trump, en su primer día de gobierno, dictó 26 Ordenes Ejecutivas (algo así como “decretos de necesidad y urgencia”) para comenzar a ejercer su gobierno, imponiendo su personalidad y marcando un estilo distinto a todo lo anterior.

Las políticas que comenzó a aplicar este Presidente fueron las prometidas en campaña; pero en solo sus 100 primeros días de gobierno conllevaron un giro copernicano tanto en temas internos de los Estados Unidos, cuanto en sus relaciones con el resto de los países del mundo.

En los hechos, las medidas adoptadas desde la Presidencia de Estados Unidos, generaron un cambio en ese país, y el mundo también cambió. Veamos algunas de las primeras consecuencias de estas políticas.

  • Se redefinieron las funciones del Estado y del Gobierno en la actividad ordinaria de Estados Unidos.
  • Se instauró una política que intenta insistentemente potenciar la autonomía de la Sociedad Civil, en todos los niveles de gestión y decisión.
  • Se instauró una nueva política migratoria, contraria a la tradición de acogida a extranjeros y de puertas abiertas a los emigrados.
  • Se busca por todos los medios, recuperar el liderazgo mundial perdido por los Estados Unidos, y poner al país nuevamente en el centro del mundo
  • Se incentiva con insistencia, y por todos los medios posibles, un nacionalismo norteamericano, contrario a los criterios de globalización y multilateralismo, eliminado, entre otras medidas, la participación de los EEUU en Organismos Internacionales.
  • Se cambiaron las alianzas estratégicas con otros países, como consecuencia de lo cual hay un cambio en el equilibrio geopolítico, con un aumento del peso relativo de Rusia y una perdida significativa de la OTAN.
  • Se definieron como antagonistas de importancia, en lo comercial y político, China e India.
  • Se promueve desde el Poder Ejecutivo, un marcado proteccionismo económico, que en ciertos sectores industriales es de difícil y hasta anticompetitiva aplicación.

En síntesis, en este convulsionado año 2025 estamos viviendo una redefinición del mundo, de las relaciones económicas entre los países y entre las personas, de la cultura y del poder geopolítico.

En lo personal no me asustan los cambios. La historia del mundo de ha escrito con ellos. Y los cambios se fundamentan en los intereses, los deseos humanos de mejora, la genuina y honesta ambición, el deseo de mayor poder y una cuota de altruismo y generosidad.

Pero un cambio como el que está experimentando el mundo hoy, fue impensado hasta hace meses.

¿Cuál es el mundo en que estamos comenzando a vivir?. Haré solamente un listado de las grandes líneas que describen el nuevo orden del presente y del futuro al corto plazo:

  • Proteccionismo económico
  • Nacionalismos políticos
  • Relaciones comerciales bilaterales
  • Aumento de las desigualdades económicas entre países y dentro de ellos
  • Perdida de relevancia de los organismos internacionales y multilaterales
  • Conflictos armados locales y guerras fronterizas
  • Conflictos y crisis migratorias
  • Desinversiones internacionales
  • Fundamentalismos políticos, con mayor preeminencia de las otrora “derechas”
  • Dominio en aumento del islam, en detrimento de otras religiones

Esta lista no taxativa de fenómenos sociales, económicos, religiosos y políticos, refiere los aspectos más “impactantes” que observo, como habitante de occidente, católico y liberal.

El movimiento del péndulo, sin hacer un juicio de valor acerca de las bondades o defectos de los hechos descriptos, está llegando a uno de los extremos que nos resultaba (me resultaba) inimaginable vivir. Pero la realidad no es ni buena ni mala, son hechos y situaciones “en” los que y “con” los que debemos movernos.

Este es el mundo de 2025: más local, más intolerante, más tecnológico a la vez que menos pacífico, menos relacionado comercialmente con lo lejano, menos colaborativo.

Con este panorama y esta realidad, parece claro que el ya mencionado Francis Fukuyama se equivocó. Solo 35 años luego de postular “el fin de la historia”, la democracia liberal no se ha impuesto en todo el mundo como forma de gobierno superior y final.

Por el contrario, en la teoría de Arnold Toynbee, desarrollada en “Un Estudio de Historia”, que comenzó a escribir 45 años antes de la publicación de la obra de Fukuyama, enunció que la las civilizaciones tienen patrones cíclicos y respuestas internas de cada sociedad a los desafíos que se le plantean. Lo cíclico y recurrente, dentro de un movimiento constante es la esencia. Creo que es lo que los hechos han demostrado. A todo cambio que podamos entender y valorar como “avance” de la civilización, ha seguido un al menos parcial, “retroceso”.

Por eso, para concluir estas líneas autorreflexivas me permito pensar que estamos en 2025, asombrados y absortos ante este mundo con bruscos cambios. Pero …, me queda claro que no será éste el último que viviré yo y que vivirá la humanidad.

Solo debemos estar atentos a lo que se vive y a lo que vendrá, y coincidir con el chileno Julio Numhauser Navarro, quien compuso en 1982 la famosa canción, popularizada por Quilapayún y luego por Mercedes Sosa, CAMBIA, TODO CAMBIA.

Punta del Este, 30 de abril de 2025