En el mundo de la virtualidad, en momentos de incertidumbre, se produce la potenciación del “caos”. Nada es lo que es y todo puede ser todo.
Personalmente vengo hablando y escribiendo de la tecnología del blockchain, desde hace tiempo. Valoro y defiendo esta creación informática, porque permite dar certeza a ciertas transacciones y otorga una “trazabilidad” general a la negociación, nunca alcanzada en el intercambio de bienes físicos y activos intangibles.
Tomo para hacer este juicio de valor favorable, y como sustento para mi razonamiento, una de las definiciones en uso de “blockchain”, que dice que se trata de una “base de datos encriptada, descentralizada y compartida, que sirve de repositorio de información pública, y que tiene la característica de ser irreversible e incorruptible.” (Jorge Resqui Pizarro, video en ABOGADOS.COM, 14.06.2022- LINK).
Pero los blockchain, que son un buen invento del ser humano, no son un elemento que permita por sí mismo, superar estados de crisis e incertidumbre económica. Pueden ser sí, una plataforma que se utilice para construir sobre ella bienes, que faciliten el intercambio entre las personas y las empresas, y que permitan actuar con mayor flexibilidad, en entornos de incertidumbre.
Pero no son en sí mismo un bien con valor intrínseco ni la solución mágica a la incertidumbre de los mercados. Hago esta puntualización a partir de una noticia publicada en La Nación, versión digital, del domingo 03 de julio de 2022, en medio de la crisis generada por los cambios ministeriales: “Dólar bitcoin: la cotización que no duerme reaccionó tras la designación de Silvina Batakis”. Como es correcto, los agentes financieros buscan “rentabilidad” y “seguridad” para sus inversiones, un binomio que, como todos sabemos, contiene términos antitéticos en su formulación en el mercado financiero: ante el aumento de uno, necesariamente deviene la disminución del otro.
Explicaré esta afirmación, de cara a los blackchain, en este contexto, partiendo de la diferenciación de los distintos activos cripto.
Las “Criptomonedas”, las “Stablecoins” y los “Activos Tokenizados”.
En este momento, en que en el llamado entorno del “metaverso” la actividad creativa y económica, en todos los sectores se potencia, el uso cada vez más generalizado de activos digitales se impone. Pero ¿qué activos se utilizan?; ¿Qué ventajas trae su uso más generalizado?
Creo útil, para dar respuesta estas dos preguntas, conceptualizar los tres términos precedentemente mencionados, de manera simple y genérica.
Por “crioptoactivos” entendemos creaciones algorítmicas, montadas sobre una plataforma blockchain, que son intercambiables entre agentes económicos. En la medida que estas creaciones “minadas” informáticamente sean aceptadas de manera generalizada, pueden comenzar a ser utilizadas como “medio de cambio”, una de las tres características que debe reunir todo bien para ser considerada una moneda, en términos económicos tradicionales.
Cuando esa aceptación sea estable en el tiempo, más allá de las fluctuaciones de precio que el activo experimente, podremos decir que ese blockchain puede considerarse una “criptomoneda”. Pero queda claro que esa criptomoneda digital es una creación humana intangible, no corpórea y sin anclaje en ningún bien físico. Es aceptada como medio de pago para realizar transacciones, en tanto se tiene confianza en que, a futuro, su tenencia permitirá comprar igual o mayor cantidad de bienes que en el presente.
Es técnicamente una “moneda fiduciaria”: se tiene confianza en ella y por eso se la acepta. En este grupo de criptoactivos tenemos a las primeras y más conocidas criptomonedas: Bitcoins, Ethereum, Cardano, XRP y BNB entre otras- Como dato general, menciono que a comienzos de 2022 se dijo que existían más de 16.000 criptomonedas diferentes.
A la vez, dada la volatilidad de las criptomonedas, se ha generado otra creación a partir de blockchains: las “stablecoins”. Entendemos por tal a aquellos ‘tokens’ en los que su valor está asociado al valor de una moneda ‘fiat’ (como el dólar o el euro), a bienes materiales como el oro o los inmuebles, o a otra criptomoneda. También existen ‘stablecoins’ que no están asociadas a ninguna otra moneda ni activo, sino que están controladas mediante algoritmos para mantener un precio estable, y por tanto, que salen de cotización cuando se superan los límites de una banda de fluctuación.
La principal motivación para crear una stablecoin es tratar de dar refugio a los inversores en momentos de volatilidad, y cierta certeza respecto a su valor.
Como observamos, estos criptoactivos, tampoco tienen valor intrínseco, y solo artificialmente se puede dar un anclaje convencional a su precio de negociación en el mercado.
Finalmente, por “activos tockenizados” entendemos que se habla de un blockchain negociable, que solo se emite en la momento en que, su emisor, tiene la disponibilidad de cierto / ciertos bienes físicos. Es en síntesis, la representación digital de activos físicos, por lo general vinculados a un sector de la economía.
En Argentina han surgido varios relacionados con el sector agropecuario e inmobiliario, de entre los que mencionamos “Agrotoken” , “BitCow” y “Crowdium” , que tienen como sustento de su valor, soja maíz y trigo, ganado vacuno e inmuebles, respectivamente.
Más allá del ropaje legal que este tipo de activos requiere para dar certeza a los inversores y permitir su negociabilidad, lo cierto es que esta clase de tokens digitales, solo se emite contra la existencia de bienes físicos, por lo que guardan similitud con las monedas emitidas por muchos países a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, bajo las reglas de los llamados patrones monetarios metal.
Volatilidad y crisis de los crioptoactivos
A fines del mes de junio de 2022 la cotización de las criptomonedas más consolidadas comenzó a sufrir una caída nunca vista y esperada por pocos. Las causas de esa debacle, desde luego son múltiples. Pero me gustaría destacar solo alguna de ellas:
Aumento de los índices de inflación en todos los países del mundo, en lugares y magnitudes que no eran comunes en los últimos 50 años. Esto llevó a que las autoridades monetarias debieran, con ortodoxia, aplicar políticas restrictivas, que generan contracción económica.
Incremento de las opiniones técnicas y políticas que recomiendan la prohibición de la circulación, utilización y aceptación de las criptomonedas.
Intensificación del minado de criptomonedas en Rusia.
Crisis política general, con conflictos locales y comienzo en febrero pero perduración en el tiempo de la invasión de Ucrania por Rusia, y de la guerra entre ambos países, con riesgo de extenderse el conflicto a otros países.
En síntesis, una crisis económica global, con pérdida de poder por parte de los líderes hasta ese momento consolidados y cambios de paradigmas geopolíticos. Nada que la humanidad y nuestro occidente capitalista no hayan conocido ya.
En este contexto de incertidumbre e inestabilidad de los activos digitales analizados en este comentario, perdieron valor las criptomonedas y algunos stablecoins, mientras que otros stablecoins, dada la volatilidad de sus precios, dejaron de cotizar.
Por su parte, los activos tockenizados continuaron cotizando y solo sufrieron alteraciones de precios por variaciones de los activos por ellos representados.
Conclusión, final y tango
En este contexto, el principio de movimiento de los capitales del “fly to quality”, funcionó perfectamente:
Los activos con mayor volatilidad, pero mejor rentabilidad al conto plazo, fueron vendidos.
Los activos con menor volatilidad, a pesar de su baja rentabilidad, se mantuvieron y fueron demandados.
Los activos con respaldo físico, no experimentaron en sus cotizaciones, consecuencias significativas de la crisis general
Entiendo entonces que, es la hora del desarrollo y la potenciación de activos toquenizados, mercado y productos en los cuales Argentina tiene mucho para aportar a la región y al mundo.
Marcelo Loprete
CABA 18.07.2022
Deja tu comentario