Se solía pensar que la actividad del agro era local, estática y conservadora. Pero estas afirmaciones, en la actualidad no se corresponden totalmente con la realidad.
Hoy, el campo, tanto en la agricultura cuanto en la ganadería, es uno de los sectores de la economía de América del Sur, más globalizados y con mayor dinámica en la incorporación de tecnología. El fenómeno del “AgTech” es una realidad. Veamos algunos ejemplos, cuyas consecuencias impactan en la sociedad, en la economía y en el Derecho.
El agro ha incorporado la tecnología de internet hace años, lo que llevó al desarrollo y utilización de plataformas y aplicaciones en una magnitud impensada.
Por mencionar solo algunas aplicaciones para teléfonos celulares, que corren bajo plataformas Android o IOS, enumero las siguientes: Atfarm (medición del nivel de biomasa y fertilización con asistencia de información satelital), Farm Manager (registración y control del procedimiento de maquinaria e insumos utilizados), Mide Mapas (mediciones con tecnología GPS), Yara ImageIT (medición de nitrógeno en suelo), iSOYLScout (registración, por lote, del estado de las parcelas, con datos particulares de cada una) y KALI-TOOLBOX (control de deficiencia de nutrición de un cultivo).
Todas estas aplicaciones trabajan necesariamente, con tecnología OTT (Over The Top), por lo cual para evitar conflictos con las prestadoras de telefonía celular y datos, y las tiendas de aplicaciones, las relaciones y las contraprestaciones de cada una de las partes deben estar expresamente acordadas: unas se benefician con la inversión realizada por las otras, al utilizar la infraestructura previamente montada, y las otras se benefician con el mayor tráfico de datos que las unas le generan.
Por otra parte, las cadenas de valor en el sector agroalimenticio, se potencian exponencialmente en sus relaciones. La información que, necesariamente fluye a lo largo de la misma, cada día es más importante.
En la actualidad, con solo scanear un código QR de un envase de carne que se ofrece en una góndola en Kioto, es posible obtener la trazabilidad total de esa pieza, y saber que la vaca que produjo ese corte era hija de una buena madre, con premios, que fue inseminada con semen importado de Estados Unidos, cuyo productor tuvo record de rinde cárnico y que el animal en cuestión creció en el Departamento de Flores y fue faenado en un frigorífico de Florida, en Uruguay. ¿Quién es dueño de toda esta información?; ¿puede limitarse su uso?; ¿quién tiene derecho a rentabilizar económicamente el uso de la misma?. Es éste un tema de suma relevancia económica, que debe ser acordado y contractualmente fijado.
De otro lado, la proximidad o la distancia de un productor rural con los cultivos que realiza o los animales que cría, ha dejado de ser un factor determinante del éxito o fracaso de la actividad. La inmediatez con la actividad ha reducido su importancia en el proceso productivo y en la toma de decisiones. El clima se monitorea a distancia, los pronósticos están disponibles en la web, y los cultivos y animales se controlan de manera remota.
A la vez, esa disponibilidad de información y la posibilidad de tomar decisiones a distancia, bien gestionadas, reducen costos y permiten maximizar resultados.
Como ejemplo, que no es de ciencia ficción, planteo el siguiente: el hosteo de un “Smart Contract” (o contrato inteligente) permite “alocar” un servicio de valor agregado en el lugar que se pueda obtener el mayor beneficio fiscal. En el caso del conocido seguro agrícola, que cubre el riesgo climático (lluvia en exceso, sequía, piedra, etc.) de un cultivo, ante el acaecimiento del riesgo asegurado, la compañía aseguradora debe, previo al pago de la indemnización, enviar un inspector al cultivo siniestrado, para verificar el daño que experimentó, con los costos, que no son pocos, asociados a la inspección
Podría aplicase al seguro agrícola un Smart Contract autoejecutable, de la misma manera que existe en los seguros de cobertura de retraso de vuelos aéreos. En este caso, ante la información del aeropuerto del retraso del vuelo, automáticamente se dispara el pago de la indemnización por el riesgo cubierto, y su acreditación en la cuenta bancaria / tarjeta del pasajero asegurado, sin intervención humana.
En el caso del Seguro Agrícola, por ejemplo, de un lote de trigo en Azul, Provincia de Buenos Aires, podríamos pensar en la implementación de un Smart Contract, hosteado en Montevideo, que tomase las imágenes satelitales del cultivo / parcela y los cruzara con los informes meteorológicos de la zona y se nutra de los datos de banderilleros satelitales. Establecidas ciertas pautas de pisos y techos de daños a no verificar presencialmente, y con un “Oráculo” informático que vincule los parámetros del Servicio Meteorológico con el resto de los datos del contrato de seguro vigente, se podría disparar de igual manera que en el caso del seguro de vuelo en horario, su autoejecución y el pago de la indemnización, eliminando los costos de la inspección. Como complemento de esa reducción de costos, el hosteo del Smart Contract en Uruguay permitiría al asegurador acogerse a los beneficios fiscales que la informática tiene allí.
Los cambios que se producen en este sector de manera muy acelerada, no son muy visibles fuera del mismo, pero aumentan la productividad y reducen costos, que en definitiva abaratan el precio de los bienes finales para los consumidores.
Es bueno saber que el ya no tan tradicional campo, es motor de cambio, de innovación y de mejora que impacta en toda la sociedad.
Hola Marcelo !!
Excelente nota , te mando un saludo desde Chacabuco !!!
Hola Negro, cómo estás? Qué bueno saber de vos. Te dejo un abrazo.