He hablado de Criptomoneda, de su naturaleza jurídica y su tratamiento económico desde hace años. Lo que comenzó siendo un producto de desarrollo informático, se convirtió en el mundo de las finanzas en un activo transable, con el que se negocia, se paga, se ahorra y se especula.

A partir de las cadenas de bloques informáticos, o “blockchain”, surgieron los token y sobre los mismos los llamados NFT, hoy en auge.

Los NFT (o «non-fungible token») son “fichas” informáticas que aseguran la unicidad, irrepetibilidad y inalterabilidad de un token. Esto permite realizar inversiones y ahorrar, utilizando un bien no tangible, que asegura la no repetición e inconfundibilidad del bien comprado.

En definitiva quien adquiere un NFT compra un bien único e irrepetible.

Quien compra un NFT paga por un activo transable, en moneda de curso legal en algún país o con criptomonedas.

Quien compra un NFT toma esa decisión económica por razones que lo llevan a desprenderse de otros activos. Estas pueden ser de solidaridad (como apoyar un obra de caridad que pone NFTs en el mercado para reunir fondos con fines solidarios), de mero solaz (ser copropietario virtual de una obra de arte), esnobismo (ser parte del grupo que apoya a un deportista en ascenso) o especulación (ser dueño de un bien que se valorizará en el tiempo y que generará una utilidad entre el precio de compra y el precio de venta del mismo).

En resumen, las decisiones individuales de compra un NFT, tienen la misma lógica económica que la compra de cualquier otro bien. Los hombres nos manejamos, como bien describió Adam Smith hace casi dos siglos y medio, maximizando nuestras utilidades personales, entre las que están las económicas, las intelectuales, las de egoísmo y las de placer. Nada nuevo bajo el sol.

Ahora bien, si las decisiones de compra de criptoactivos se manejan con la lógica sensible y racional del ser humano, estamos ante una decisión esencialmente humana, que no solo tiene en cuenta en la valoración, los saberes y conocimientos pasados, la historia y los mercados, sino los gustos y las preferencias personales.

Este último hecho descripto me convence que, en el mercado de los NFTs, la inteligencia artificial será una excelente herramienta de ayuda para la toma de decisiones, que aportará información y alternativas posibles de acción, ante distintos escenarios.

Pero las conclusiones y los pronósticos generador por un chat de IA o por cualquier otro programa informático que tenga como motor un mecanismo de IA, solo podrán reunir información disponible en un tiempo asombrosamente corto, y en base a la misma, si el operador le solicita alternativas de conducta, brindarlas.

Lo que no podrá brindar la IA, al menos por ahora, es una solución, alternativa o recomendación, creativa o sensible o intuitiva. Esa es el límite que aún no ha superado la IA.

Esta afirmación tiene dos conclusiones prácticas:

  1. El hombre sigue teniendo su autonomía para la toma de decisión, y le aporta un valor agregado a la misma, que no puede dar la IA; y
  1. No creo que, por el momento, sea lógico pensar que el mercado financiero, y en especial el de los NFT, pueda gobernarse, con buenos resultados, solo por programas de IA.

La IA es hoy una excelente herramienta de ayuda en los mercados. Pero no deja de ser eso, una herramienta avanzada, que debe ser utilizada por el hombre.

Marcelo Loprete

Buenos Aires, 15.05.2023