Lo he dicho desde hace mucho tiempo: Argentina tiene, en el horizonte cercano, un desafío grande, pero las expectativas de cambio son concretas, y el futuro se presenta ciertamente distinto al pasado.
La crisis actual producida no solo por factores climáticos es grande; pero el potencial para la mejora es real e inconmensurable. El capital humano del país, aún deteriorado como lo está en el presente, apalancado en las ventajas estructurales del país, tiene capacidad de revertir la actual situación real.
He venido aconsejando a nuestros Clientes del exterior, que se posicionen con sus inversiones en Argentina, cuando los activos, valuados en divisas, eran (y siguen siendo hasta el momento en que escrito este suelto), baratos, y las condiciones políticas y económicas adversas.
La actual crisis económica es muy importante. Pero como toda crisis, otorga posibilidades. Y en este sentido, durante muchos meses he advertido que el modelo de economía cerrada, con alta intervención del Estado, estaba llamado a cambiar, sin importar qué agrupación política y que candidato llegase a la Presidencia de la Nación, en diciembre 2023.
Independientemente del signo político del Presidente que asumiera, el modelo está agotado y deberían hacerse cambios estructurales. Personalmente, como amante de la libertad estoy convenido que los cambios que tiendan a la desregulación, la apertura económica del país y la reducción del tamaño del Estado, son los correctos. Mayor libertad es sinónimo de progreso y desarrollo ordenado, con respeto a las personas y sus derechos.
En varias oportunidades he hablado de las características estructurales de algunos sectores de la economía de Argentina, que le otorgan ventajas comparativas de importancia, respecto a otros países de la región y del mundo.
He destacado la potencialidad del sector de la agricultura y la ganadería, no solo en la zona núcleo de la producción, sino en áreas marginales del territorio nacional. A este sector primario se han agregado, en tiempos recientes, por efecto de cambios tecnológicos otros sectores primarios generadores de riqueza, como la minería del litio y la de la extracción de hidrocarburos no convencionales, que se practicará en Vaca Muerta. Las start up informáticas y de servicios nacionales se han destacado por su nivel de crecimiento casi exponencial. Éstas, con un tipo de cambio atrasado, han crecido en cantidad y diversidad de oferta de prestaciones. La creación de apps y servicios informáticos desde Argentina para el exterior, estalló.
Estas realidades económicas se dan en Argentina, y han convivido en un entorno de alta inflación, restricciones cambiarias, crisis energéticas por desabastecimiento de combustible, restricciones a las importaciones y a las exportaciones, progresivo empobrecimiento social y desprestigio generalizo de los dirigentes políticos y sociales.
Por mi parte y con nuestro Estudio Jurídico (www.nfla.com.ar), hemos sido protagonista del arribo de inversiones extranjeras, aún en medio de la crisis que vivió y sigue viviendo nuestro país. ¿A quién se le ocurre invertir dinero, en actividades productivas en Argentina, un país que hoy no deja repatriar las utilidades lícitamente ganadas aquí, a los países de origen de las inversiones?. ¿Ha habido inversiones genuinas?. La respuesta a esta segunda pregunta es sí.
Los inversores no son ingenuos, altruistas ni necios. Son ante todo astutos buscadores de beneficios. Invierten en sectores, regiones y actividades de las que puedan obtener ganancias. El negocio es comprar barato, luego producir y eventualmente vender caro.
Y a lo largo de los últimos 18 meses, en NFLA hemos sido testigos y protagonistas de inversiones reales, en el sector servicios de informática y agronegocios, de grupos que han creído que entrar o aumentar la participación en los mercados de Argentina, es buen negocio.
Estas inversiones, fueron el resultado de análisis de importancia, consideraciones variadas y decisiones corporativas audaces y comprometidas de Directorios visionarios. Pero los frutos de esas inversiones comienzan a verse.
Argentina es un país complejo, desde varios aspectos, y lo ha sido en los últimos lustros, con sus vaivenes políticos y económicos. Pero es aún un buen mercado para invertir y producir.
Este es un país en el que las reglas de juego, hasta el presente, han cambiado con frecuencia. Deseo por el bien del país y mi actividad profesional, que entremos en un nuevo tiempo de estabilidad e institucionalidad, en el que las normas se cumplan y sean duraderas.
Pero aún en estos entornos de inestabilidad y cambios, es posible hacer negocios en Argentina. El secreto es lograr crear una estructura legal adecuada, y una organización productiva dinámica, que dé agilidad y respuesta rápida a los cambios.
Entiendo que, por imperio de las circunstancias, estamos en la antesala de cambios estructurales. Si como se proclama, estos cambios tienden a la libertad, serán indefectiblemente profundos, porque se desarmarán las restricciones al comercio, las cortapisas a la iniciativa privada y la intervención del Estado en la economía.
La matriz productiva de Argentina, muy dañada, aún se mantiene en pie. Los sectores primarios y extractivos, si la climatología no se equivoca, y los mercados internacionales mantienen su tendencia, podrán aportar, en los próximos dos años, riqueza genuinamente producida, como no lo han hecho en los últimos 6 años.
Por ello, hoy más que ayer, recomiendo mirar con atención Argentina y, tras un análisis realista, invertir aquí. En los próximos años, si se concretan los cambios que indiscutiblemente deben hacerse, cambiará el rumbo del país. Y desde la plataforma de Argentina, es simple ingresar en los mercados de Sud América.
Hay que tomar consciencia que se puede hacer una buena inversión al medio plazo, y tener la decisión de hacerla.

Marcelo Loprete
Buenos Aires, 05.12.2023